Para finalizar, en este Hall hay un espacio dedicado
al 30º aniversario del conflicto de las Malvinas donde, además de un Sea
Harrier FRS.1 (que se muestra en actitud de despegue desde la rampa angulada de
un portaaviones) y un Wessex HU.5, existen varios expositores con material
capturado a los argentinos, piezas de aeronaves derribadas y cartelería
diversa.
Paseando por este Museo, enfrascado en sus tesoros y
el interminable rosario de maquetas dedicadas a los navíos más famosos de su
historia, llegó el momento de finalizar la visita. En el exterior, junto a las
vallas que resguardan la RNAS más cercanas al Museo los Harriers estacionados
eran más “accesibles”, fotográficamente hablando, por lo que fueron
ametrallados sin piedad por ráfagas de todas nuestras cámaras, aprovechando
además que el día, que empezó lluvioso y frío por la maña, se
tornó soleado y luminoso por la tarde:
Una vez en los coches, nos alejamos de este
maravilloso Museo con dirección a Glastonbury no sin hacer una pequeña escala
en la puerta de la Base para llevarnos de recuerdo las fotos de otro Sea
Harrier y un Lynx que hacen de “Gate Guards” en la misma (papel que hacen a la
perfección con ese hieratismo marcial tan típicamente inglés).
La jornada del sábado
tocaba a su fin en lo que al tema aeronáutico se refiere; ahora, la certeza de
una pinta bien fría y la promesa de otra jornada museística al día siguiente para visitar el Museo de Helicópteros de Weston-SuperMare, la mayor colección de helicópteros del Mundo (o así se anuncia).
Pero eso amigos, es otra historia que merece su propio relato.
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