Mientras daba el paseo por la zona de estática y las diversas y variopintas ramificaciones a las que me refería en la entrada anterior llegué a cabecera de pista en una
zona más libre de público y desde ahí asistí a la siempre espectacular exhibición de los Frecce
Tricolori y su aterrizaje final entre inmensas nubes de humo. Es imposible dejar de mirar a estos espectaculares pilotos cuyas evoluciones eran narradas por una speaker superapasionada en su relato mientras de fondo sonaba en algunos instantes la voz del inmortal Luciano Pavarotti interpretando el Nessun dorma de Puccini (Turandot / Act. 3), sobrecogedor.
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